Lujoso concierto «Horizontes musicales»


– 28.04.2018 – Roger Morelló Ros, violonchelo y Fuko Ishii, piano – Casal Municipal de Creixell (Tarragona) –

de Luis Suárez

Pareja juvenil talentosa formada por dos perfiles distantes en nacimiento geográfico, Reus y Tokyo respectivamente, pero muy bien conjuntados bajo un barniz bien pulimentado en las tierras alemanas. En una total entrega y solvencia, que se pudo ver reflejada a todas luces en un programa dedicado al siglo XX, su actitud de amor por la música se viera bien reflejada desde el primer momento por una ilusión contagiada al público. Asimismo, el programa de cuatro grandes de la música, rompedores todos ellos, que ocupan un lugar más que destacado por ello en los tomos de la historia de la música.
La “Suite italiana para violín y piano” es una disposición de varios movimientos de su ballet “Pulcinella” (1919 – 1920). El genio ruso había tomado obras del compositor italiano de comienzos del siglo XVIII, Giambattista Pergolesi, y las reescribió de manera efectiva cortando, alterando y transformando la música en su propio estilo. El resultado fue el primer trabajo de Stravinsky en el que el estilo compositivo neoclásico en sí mismo era el principal determinante de la composición. En 1932, Stravinsky reclutó la ayuda del violoncelista Gregor Piatigorsky para volver a trabajar sobre una nueva transcripción que ha sido la que nos han ofrecido aquí. En esta versión, el orden de los movimientos es “Introductione”, “Serenata”, “Tarantella”, “Gavotta con due variazioni”, “Scherzino” y “Minueto y final”. Morelló e Ishii sacaron todo el encanto de las melodías de Pergolesi y el picante sabor de la reescritura de Stravinsky, lo cual es un tanto difícil ya que la original versión para orquesta de cámara se ve en muchos momentos aquí cegada por una transcripción que oculta brillantes experimentos tímbricos.

A pesar de que representan solo la mitad de una serie de obras proyectadas, las tres sonatas de cámara de Debussy dan testimonio de la identificación en desarrollo del compositor con un proceso musical más abstracto, es decir, menos visual, textual o orientado extra-musicalmente. La “Sonata para violonchelo y piano” (1915), se presenta en tres movimientos. La introducción fue brillantemente abierta con una declaración de teclado en re menor, bien definida armónicamente (una característica inusual en la música de Debussy) y teñida de un color modal, a lo que el violonchelo proporciona una respuesta altamente ornamental. A pesar del escaso metraje del movimiento abarca una gran cantidad de expresiones, las frases musicales se desarrollan y colapsan sin límites claros; como con gran parte de la música posterior del compositor, la distinción entre melodía y ornamentación fue perfectamente oscurecida deliberadamente. La saturación absoluta de la siguiente “Sérénade” (marcada como “Modérément animé”) con los tonos de percusión de los pizzicati del violonchelista fue otro gran hallazgo rompedor para el público parisino de la época. Los pocos pasajes de arco que invaden la textura se disuelven rápidamente, a excepción de un estallido de ritmos de triplete a mitad del movimiento. Los staccati de bajo en el piano sirven para hacer que los insertos de legato melódicos ocasionales sean más potentes. El final, marcado Animé, sigue sin pausa. En 123 compases, es de mayor longitud que los dos movimientos anteriores juntos y una gran parte del peso musical de Sonata se invierte en este movimiento enérgico. Debussy pide que el violonchelo juegue con un personaje “ligero y nervioso”, enfatizando la tensión psicológica. La música se construye a varios clímax, antes de que el dúo haga concluir la Sonata en una ráfaga de gran fuerza efectista de percusión.
Tras el homenaje a Granados, con su última pieza escrita antes de su dramática muerte, el bello “Intermezzo de Goyescas”, pasamos a la segunda parte con obras ya originales de extrema dificultad y belleza, a partes iguales, para ambos instrumentos. De ahí surgió en gran parte el clamor popular, con dos obras del virtuoso del pasado siglo, Gaspar Cassadó y el revolucionario Astor Piazzolla. Tras una lírica “Serenata” el chelo se dispuso a realizar unos brillantes y efectistas “requiebros” al piano, asimismo por éste contribuidos, que no pudo tener una reacción más favorable de cara al público asistente. Piazzolla escribió su “Gran Tango” en 1982 para Rostropovich, siendo estrenado por el mismo en 1990 en New Orleans. Obra que exige gran entrega, representa fielmente la singularidad compositiva de su autor: potencia estética y rasgos únicos que no la hace parecida a ninguna otra; hizo plantearse el género del tango, hasta entonces conocido, con un sonido y originalidad que impacta, fascina. Consigue un lenguaje de estilo único mezclando elementos tan dispares como el jazz, lo clásico, la exploración tímbrica… Al comenzar su música, enseguida decimos: “¡éste es Piazzolla!”.

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