Jennifer Ramírez Díaz, mezzosoprano – Elisabeth Mironova, piano – Luis Niñerola Coronado, arquitecto y poeta


de Luis Suárez

Sábado, 08 de junio de 2019, Casal de Cultura de Creixell, Tarragona

Como se ha afirmado con frecuencia, el lenguaje representa la forma más alta de una facultad inherente de la condición humana, la de simbolizar, es decir, de representar lo real por medio de un signo. Semejante sistema de símbolos como lo es la lengua revela un dato esencial de la condición humana: no hay relaciones de conocimiento inmediatas y directas entre el ser humano y el mundo, y tampoco entre ser humano y ser humano. La música y la poesía siempre han estado íntimamente unidas. La música obra en el sonido y el silencio, la poesía obra en la palabra. Sin embargo, las palabras también conllevan sonido y silencio. La música también conlleva significado por sí misma, igual que las palabras. Esta es la estrecha relación que las enlaza y funde. El vínculo entre la sinestesia y expresiones artísticas como la literatura, la pintura y la música es indudable. Si ya se comentó que algunos pintores eran capaces de plasmar canciones en sus obras, también ciertos escritores acuden a este fenómeno en sus versos. La cualidad que poseen algunas personas de percibir asociadamente colores y sonidos, texturas y sabores, números y colores y/o cualquier otra relación inter-sensorial, es denominada generalmente como sinestesia. Múltiples estudios han relacionado patrones sonoros y visuales a lo largo de la historia, tanto a nivel físico como a nivel de percepción. Primeramente, Newton apuntó una posible relación entre las frecuencias vibratorias de la luz y el sonido, llegando incluso a afirmar que la armonía dependía de las proporciones de tales frecuencias. Además, descubrió una proporción similar dada entre las notas de la escala diatónica occidental (mayor – menor) y la paleta de colores comúnmente descrita en el espectro lumínico. Afirmación similar a la que haría en el siglo XX el físico inglés James Jeans al descubrir que la gama de colores visible coincide con el rango sonoro de una octava. Estas teorías físicas en cualquier caso no explican el fenómeno cinestésico, y aunque nos dan una aproximación a menudo certera, al final del día sólo el individuo cinesteta tiene una comprensión certera de sus procesos asociativos. Excepcionalmente el lenguaje artístico permite visibilizar estos mecanismos y hacerlos comprensibles al espectador, hayan o no experimentado este tipo de sensaciones. Usando un lenguaje mucho más abstracto que la ciencia, pero también mucho más certero, la música, la pintura, el cine, la escultura o los videojuegos permiten proyectar de forma directa esta clase de procesos que de otra forma difícilmente pueden ser verbalizados.
Para muchos oyentes, las obras vocales de Gabriel Fauré, Bizet, Debussy, Ravel, etc, personifican la música francesa del enlace entre los siglos XIX y XX, generalmente porque sus melodías lánguidas y sutiles armonías son a veces evocadoras de la música tardía de la sala romántica. Sin embargo, del tardo-romanticismo al impresionismo es mucho más que un juicio tan superficial, demostrando que es mucho más sustancial en contenido que las piezas de piano y canto convencionales de la época, y que las dificultades que uno encuentra en su música son similares a las complejidades de Bach. Las actuaciones pulidas de Ramírez son una prueba de su compromiso de larga data con esta música, y su penetrante comprensión de las expresiones y el arte técnico de revelan niveles de inventiva que a menudo se pierden en actuaciones menos competentes. Por supuesto, Ramírez y Mironova tienen un conocimiento íntimo de la música, y su sensibilidad y control comunican con precisión los efectos que desea, por lo que la música nunca parece descuidadamente sentimental o vagamente esbozada. Hasta en sus interpretaciones nítidas de Händel o Vivaldi, especialmente en puntos donde el contrapunto cromático y las cadencias casi se adentran plenamente al estilo barroco. Junto con los emotivos recitativos de Niñerola, a partir de sus propios poemas (entre las arias y canciones) permitía que la música tuviera una expresión plena, mostrando sobradamente las emociones y los colores que pretendían encontrar con una elegancia poética cinestésica entre arquitectura, literatura y música.

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