DeLIS Dúo – Sonatas para violoncello y piano


Irma Bau, violoncello – Irina Veselova, piano

de Luis Suárez

La inclusión de la sonata para violín n.° 1 en sol mayor op. 78, de Brahms, en la extraña versión, después de haberla escuchado tantísimas veces en su versión original, resulta poco habitual al oído, pero no es sino con más que deseable porque le permite a solistas y público cambiar de timbre acostumbrado por completo y mostrar el dominio de autor de un idioma íntimo y melódico, como se puede disfrutar en toda su enorme producción de cámara. En muchos momentos, DeLIS establecen una calidez y profundidad. Ambas poseen una técnica impecable plasmada en esta Sonata plenamente romántica, de ricos matices, escalada románticamente pero emocionalmente íntima, fueron tan cálidas como el sol en una tarde de verano y tan profundamente sentidas como un primer amor. El desafío para los intérpretes es equilibrar la complejidad con las grandes melodías brahmsianas que aparecen en los movimientos con los temas internos en los exteriores, donde el control de los artistas sobre el desarrollo motívico del material es impresionante.

El siguiente paso en el programa fue la bellísima y conocida «Sonata para violín» (en la trascripción para violoncello) de César Franck. La entonación del violoncello no fue para nada problemática, con algunos de los pasajes más difíciles en la literatura que lo acompaña, Veselova hace un trabajo fácil y claro del segundo movimiento diabólico de la sonata. Bau evita problemas con la entonación, con un sonido suave y redondeado. El autor buscaba un intrincado equilibrio de los dos instrumentos, que a veces en el piano se ve más tenue el sonido de lo que se esperaba. Ofrecen una interpretación que respira pasión, drama y libertad, en un esquema cíclico sabiamente estructurado. A destacar su tono penetrante para profundizar en la fantasía rapsódica, donde Bau parece estar completamente bajo la piel de la música, y expresa sus reflujos y flujos y sus intimidades y éxtasis con una sinceridad que viene directamente del corazón. La enorme musicalidad de ambas en sus interpretaciones es realmente bella, con una autenticidad idiomática que argumentan apasionadamente para que los oyentes al menos prueben, disfruten y se metan de lleno en las almas de los compositores.

A destacar el bis de una de las «Tres Piezas para violoncello y piano» de Nadia Boulanger, que forma parte de un proyecto futuro sobre las mujeres compositoras.

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