DeLIS Dúo – Sonatas para violoncello y piano

Irma Bau, violoncello – Irina Veselova, piano

de Luis Suárez

La inclusión de la sonata para violín n.° 1 en sol mayor op. 78, de Brahms, en la extraña versión, después de haberla escuchado tantísimas veces en su versión original, resulta poco habitual al oído, pero no es sino con más que deseable porque le permite a solistas y público cambiar de timbre acostumbrado por completo y mostrar el dominio de autor de un idioma íntimo y melódico, como se puede disfrutar en toda su enorme producción de cámara. En muchos momentos, DeLIS establecen una calidez y profundidad. Ambas poseen una técnica impecable plasmada en esta Sonata plenamente romántica, de ricos matices, escalada románticamente pero emocionalmente íntima, fueron tan cálidas como el sol en una tarde de verano y tan profundamente sentidas como un primer amor. El desafío para los intérpretes es equilibrar la complejidad con las grandes melodías brahmsianas que aparecen en los movimientos con los temas internos en los exteriores, donde el control de los artistas sobre el desarrollo motívico del material es impresionante.

El siguiente paso en el programa fue la bellísima y conocida «Sonata para violín» (en la trascripción para violoncello) de César Franck. La entonación del violoncello no fue para nada problemática, con algunos de los pasajes más difíciles en la literatura que lo acompaña, Veselova hace un trabajo fácil y claro del segundo movimiento diabólico de la sonata. Bau evita problemas con la entonación, con un sonido suave y redondeado. El autor buscaba un intrincado equilibrio de los dos instrumentos, que a veces en el piano se ve más tenue el sonido de lo que se esperaba. Ofrecen una interpretación que respira pasión, drama y libertad, en un esquema cíclico sabiamente estructurado. A destacar su tono penetrante para profundizar en la fantasía rapsódica, donde Bau parece estar completamente bajo la piel de la música, y expresa sus reflujos y flujos y sus intimidades y éxtasis con una sinceridad que viene directamente del corazón. La enorme musicalidad de ambas en sus interpretaciones es realmente bella, con una autenticidad idiomática que argumentan apasionadamente para que los oyentes al menos prueben, disfruten y se metan de lleno en las almas de los compositores.

A destacar el bis de una de las «Tres Piezas para violoncello y piano» de Nadia Boulanger, que forma parte de un proyecto futuro sobre las mujeres compositoras.

Frank Sinatra – From Here To Eternity

Matthew Crawford, bajo-barítono – Victoria Fernández, piano

de Luis Suárez

Sábado, 21 de septiembre de 2019, Casal de Cultura de Creixell, Tarragona

Que Sinatra sigue vivo nadie lo pone en duda, se puede observar en llenos rotundos como es el caso. Una sala abarrotada, con el cartel de «todo venido”, para ver algo más que un holograma de «La Voz». Un soberbio solista norteamericano, de residencia en España y miembro de la plantilla del «Teatro de la Zarzuela de Madrid», de voz profunda, simpatía venida en serie y un gran aspecto de la musicalidad y admiración para este gran personaje de la canción universal; todo ello nos muestra esta primera colección de singles de Sinatra con la pianista Victoria Fernández es también la mejor una gran manera de recobrar a la memoria muchas de aquellas melodías que enseguida nos vienen a la cabeza, números bien cantados que bien merecen su continua popularidad. Después de Bing Crosby, ningún vocalista de jazz tuvo más éxito en las películas, o fue mejor para entrelazar sus actuaciones con sus películas, que Frank Sinatra. De 1940 a 1970, nunca estuvo lejos de Hollywood, y sus éxitos cinematográficos a menudo iban de la mano de su fortuna popular; incluso sus personajes de películas se alinearon con sus temas y ambiciones musicales, desde su papel protagónico. Sinatra también se aseguró de que grabara un montón de material excelente. La belleza de cualquier colección de Frank Sinatra es que, dependiendo de cómo los productores la organicen para cualquier propósito que tengan en mente, permite al oyente enfocarse en un aspecto diferente del trabajo del cantante y elegir detalles nuevos y variados. Aquí hubo un alto nivel, de cuidada selección y gusto interpretativo que muestra un buen compromiso para los oyentes que estén (o no) preparados para recibir de nuevo a «la voz»: la interpretación de Crawford es una delicia, que suena penetrante y como era de esperar, un swing alegre, un blues sentido, baladas negras llenas de sentimiento; sin necesidad de seguir un estricto orden cronológico; y este orden funciona, agitando la olla de la tarifa más familiar de Sinatra de la época en nuevas formas y yuxtaposiciones, exhaustiva, informativa y muy entretenida. por lo que terminamos con un «retrato» atractivo e informativo, con una interacción amable y ligera entre ambos intérpretes, de anecdotarios personales de la leyenda y la historia de las canciones elegidas, en todas sus diferentes manifestaciones y escenarios: banda grande, grupo pequeño…, todo ellos con un acierto en reducción al piano, no siempre suficientemente bien publicado en partituras y que obliga al pianista a sudar la gota gorda en un correcto alegro y hacer suplir, de la mejor manera posible, los míticos arreglos de las grabaciones. Fernández sale bien parada, aún si tomamos en cuenta que su formación es eminentemente clásica. Como en la mayoría de las colecciones de Sinatra, el énfasis está en las baladas, aunque no falta el himno de entretenimiento alegre «New York, New York». La voz de Crawford suena asimismo como una balada, y con su voz funciona de esa manera a un nivel tan alto de calidad, cercana y vigorizante.

Cançó d’amor i de guerra

Música de Rafael Martínez i Valls (Ontinyent, Alicante, 12 de octubre de 1895 – Barcelona, 26 de diciembre de 1946). Libreto de Lluís Capdevila y Víctor Mora

Sara Bañeras, Jaume Fonollá, Enric Berdaguer, Jordi Carbonell, María Bañeras.

Guillermo Saavedra, piano

Cor Da Capo de Barcelona

Director musical: Dalmau González

de Luis Suárez

Nueva representación de esta zarzuela catalana que actualiza uno de los símbolos del patrimonio musical catalán y una de las piezas más grandes y emblemáticas de la lírica autóctona. Proyecto ambicioso sacado adelante por el gran tenor ligero Dalmau González (Olot, 1940), al cargo de la dirección musical.

La obra en sí, estrenada en el año 1926 y compuesta por Rafael Martínez Valls, tuvo que cambiar el título por «Los soldados del ideal» debido a la situación política del país. En plena Dictadura de Primo de Rivera, el Capitán General de Cataluña, Milans del Bosch, no autorizaba su estreno si no cambiaba el título. La zarzuela obtuvo un gran éxito y desde entonces es la obra más celebrada del repertorio lírico catalán, siendo prohibida su representación durante la etapa Franquista y rescatada en su totalidad durante la transición, de la mano de Antoni Ros Marbà.

Rafael Martínez Valls nació en Ontinyent (Valencia) en 1887 y murió en Barcelona en 1946. Comenzó a estudiar música en el colegio, siguiendo después en Valencia en donde inició la carrera de Medicina, siendo sus primeros maestros Juan Bautista Pastor Pérez de composición y José María Úbeda de órgano. Su primer puesto profesional fue el de director de la Banda Provincial de Valencia. Luego marcha a Madrid ampliando estudios con Emilio Vega y siendo maestro concertador y organista en el Teatro Real, información esta contestada por el Diccionario de la Zarzuela. Más tarde pasó a Barcelona donde fue maestro de capilla y organista de la capilla de San José Oriol durante siete años en que compuso abundante música religiosa de notable calidad, tal como motetes, 2 misas y una salve. Su permanencia en Barcelona le acercó a los ámbitos culturales y propició su ligazón a la historia musical catalana. Ello sobresalió en el aspecto teatral, donde después de una zarzuela en castellano «Así Canta mi Amor» (1925) destaca en el campo de la zarzuela catalana con la aquí expuesta (su primer gran éxito), «La Legió d’Honor» (1930) Y «L’Àliga Roja» (1932) dentro del intento de creación de un genuino teatro lírico compuesto bajo patrones catalanes.

«Cançó d’amor i de guerra» obtuvo un gran éxito, consiguiendo en 11 meses 400 representaciones, en diversos teatros, pues dos meses después del estreno empezó a representarla como Eloi el gran tenor Emili Vendrell, junto a Tana Lluró y Pablo Gorgé en Francina y l’avi Castellet. Desde entonces ha significado el más celebrado título del teatro musical catalán, que sigue estando presente en las temporadas que allí se organizan, ausente no obstante en el resto de España, prueba, sin duda, del fracaso en muchos del «conllevarnos» orteguiano (Ortega y Gasset). Representa el anhelo más noble de los pueblos y de las personas por su libertad en momentos de gran convulsión. La obra lanza un mensaje a favor del amor, la igualdad y la confraternidad, y en contra de la guerra y los intereses económicos que hay detrás, ambientada en un pueblo del Vallespir durante la Revolución Francesa, a finales del siglo XVIII, en un complicado momento político y social. Con la gran acústica que demuestra una y otra vez el recinto, Dalmau, el coro y sus solistas (aficionados) llegaron con gran ilusión a desnudar la partitura, para darle toda su potencia, evitando caer en los estereotipos para que salga a la luz toda su capacidad emotiva, que sí la tiene (y mucho) bajo una dirección escénica «muy austera» de este «concierto en versión semi-escenificada», que tendrá como única escenografía las unos bloques de aja y una buena vestimenta de la época, por parte de los solistas. Un coro en estado de gracia entonando con maestría unos escenarios musicales que irán cambiando de color en función de lo que esté sucediendo. No estaban grandes, como Manuel Ausensi para entablar al pastor pirenaico, o Montserrat Caballé, para realzar a Francina, pero solistas como Sara Bañeras demostraron un hermoso timbre de voz y potencia, así como capacidad teatral. Saavedra hizo olvidar por momentos la densa paleta orquestal original para, en un difícil traslado al piano, ambientar perfectamente el costumbrismo de las melodías, tanto populares como originales de Martínez i Valls. El bis de los «tres tenores líricos», solista, Dalmau González y el mexicano Jorge Lasso fue muy notable y aplaudido en su amor por el paraíso pirenaico. Este fue un bello proceso realizado con éxito, pero aún queda mucho mundo por hacer en el rescate de la ópera y zarzuela de nuestro patrimonio, asignatura pendiente de nuestras autoridades.

Chopin y George Sand en Mallorca

Antonia Miller, piano

de Luis Suárez

Lo primero, hemos de dar la bienvenida a Antonia Miller nacida en Alemania en 1994 y que comenzó a tocar el piano a la edad de 10 años.  La gran Martha Argerich, destaco su interpretación, como:  “joven talento, muy prometedor”. Ha ganado en los últimos años una reputación internacional a través de numerosas presentaciones en varios países. Actualmente estudia con Cristina Marton-Argerich en Leopold Mozart Zentrum en la Universidad de Augsburg. También es destacable en su currículum su papel como pianista en la música de cámara. Aquí nos servirá de intérprete de alemán su profesora citada y que tiene el gusto de acompañarnos, Cristina Marton-Argerich.

  • Ante todo, una curiosidad que sin duda habrá usted imaginado nos rodea a todos. ¿Su apellido, guarda relación con la gran Martha Argerich?

En 1999 participé en el Concurso Internacional de Piano Martha Argerich, en Buenos Aires. Después de la final conocí al sobrino de Martha y ahora estamos casados y con un hijo. Formar parte de la familia Argerich es un privilegio y que tengo la posibilidad de poder tener contacto personal, familiar y musical con una gran artista como ella.

  • De nuestra joven protagonista, sé que le gusta la interpretación de genios como Haydn o Mozart, además de, claro está, Frederick Chopin, el gran poeta del piano. ¿Abarca algunos géneros más que el clasicismo y el romanticismo en su repertorio habitual?

Nosotras siempre estamos trabajando nuevo repertorio, como barroco, clasicismo, romanticismo, con afinidad por compositores impresionistas también y hasta repertorio de música contemporánea actual. Otro punto importante que tenemos en repertorio es la música de cámara, y el lied con cantante.

  • Aquí la Srta. Miller dará protagonismo a los “24 Preludios” op.28 de Chopin, protagonista del romanticismo musical, concebidos en el municipio de Valldemossa, Mallorca, donde residió entre noviembre de 1838 y febrero de 1839 anhelando una mejora en su débil estado de salud, con George Sand, su amante, vivían aislados y eso estimuló su creatividad. Además, dio forma a la “Balada nº2”, compuso una Mazurca y una Polonesa, y empezó el tercer Scherzo. ¿Cuál es su opinión ante tan prolífica inspiración de obras maestras en tan poco tiempo; ha visitado usted la zona?

Aún no tuve la posibilidad de conocer esas tierras, pero me encantaría algún día poder visitar esa zona. Evidentemente esas tierras y su amor por George Sand han sido una impresionante fuente de creatividad para Chopin.

  • Ella, trabajó en su obra “Spiridion”, en la cual el protagonista es un monje. En 1841 publicó “Un invierno en Mallorca”, donde describe sus impresiones sobre el paisaje de la isla y el carácter de los habitantes de Valldemossa. ¿Qué papel supone para usted la figura de George Sand en la concepción de las obras que va a interpretarnos?

Para mí los 24 Preludios de Chopin son una obra donde se encuentra su universo lleno de amor, sufrimiento, poesía y virtuosismo. Leer los libros de George Sand es una gran inspiración para mí.

  • Hay muchas grabaciones míticas de estos Preludios, desde los comienzos de la fonografía, incluso de álbumes conceptuales dedicados a las obras citadas, inspiradas en este periodo en Mallorca. ¿Tiene usted alguna versión predilecta? ¿Quizás tiene usted pensado grabarlas más adelante?

Por supuesto me encanta la grabación de los Preludios de Martha Argerich y también una grabación de un concierto en vivo que encontré en YouTube, tocada por Danil Trifonov. Las dos me parecieron espectaculares.

  • ¿Qué próximos proyectos tiene usted en mente para un futuro próximo?

Ojalá algún día tenga la oportunidad de poder hacer una grabación de los Preludios, ya que es una obra que amo profundamente y que los he trabajado y sigo trabajando mucho con ellos. Mis planes de futuro es seguir desarrollándome como artista, tocando conciertos, estudiando mucho y aprendiendo de cada oportunidad que se me presente. Muchas gracias, Srta. Miller por estar aquí y deleitarnos con su arte. Le deseo una feliz velada.

Crítica – Preludios op.28 de Frédéric Chopin

Puede parecer, habiendo escuchado estas intensas y deliciosas miniaturas, que la carrera de Antonia Miller haya estado dominada por la música de Chopin y haya realizado periódicamente interpretaciones de la música de Chopin, incluyendo Nocturnes, Scherzi, Impromptus…, y otras piezas. Con estos “24 Preludios, op. 28”, mantiene las expresiones del maestro en su llama viva y trata la música con una tranquila introspección, de un manera quizá más poética y empática en los contrastes lentos, de una manera que Chopin habría aprobado, evitando muestras excesivas de técnica en los Fortes y rechazando el sentimentalismo gratuito, sin caer en excesivos innecesarios. Toda una señal de crecimiento y seriedad que juega con moderación y control cuando se espera que presuma, y ​​pone la música de Chopin muy por encima de la popularidad que le precede. Logra traspasar la mera filigrana ondulante del appassionato de re menor Allegro que cierra el ciclo “tormentoso” tan rápido como los mejores pianistas del pasado. Y Miller tiene alma romántica; su Lento están bellamente modulados y pedaleados. Promete mucho más en los Fortes, que con el tiempo logrará del todo, donde muestra la juventud del intérprete o ejecutante. A destacar también su ritmo controlado y la simplicidad conmovedora logrando un equilibrio notable y poético, notablemente equilibrado y poético.

Isabel Dombriz – «DANTE»

de Luis Suárez

Sábado, 03 de agosto de 2019, Casal de Cultura de Creixell, Tarragona

Obras de F.Liszt, M.Ravel, C.Debussy, Pedro Mariné y Miguel Bustamante

Presentación del disco conceptual «Dante» de la pianista Isabel Dombriz, realizado para Ibs Classical, en el ciclo Creixell Classic. Misteriosamente, podríamos denominar, que no se hubiese estrenado aún en Cataluña (Dombriz es Barcelonesa de nacimiento y asidua veraneante de la Costa Daurada). Paso a describir la reacción que me supuso la primera escucha de la grabación, hace ya unos meses, ya plasmada en la crítica aquí expuesta.

Todo comienza con «Una Barca sobre el Océano», del ciclo «Miroirs», un óleo apoyado en «reflexiones» sobre destellos aislados de la realidad. Dombriz nos evoca la soledad sobre una célula motivadora de una medida altamente evocadora que presenta un suave gesto de octava nota en la mano derecha contra arpegios apresurados en la izquierda. En sus manos la textura brilla positivamente.

Como hermosamente cautivadora podríamos denominar esta producción discográfica de una talentosa Isabel Dombriz. Partiendo de la figura toscana de Dante y a través de su poemario, nos vemos seducidos por una selección de piezas en él basadas. Liszt ocupa el trono entre los escogidos, emblema del puro romanticismo, además acompañado por otros maestros del piano como Ravel, Debussy, Pedro Mariné y Miguel Bustamante que conocen a la perfección el piano y saben sacarle partido a todas sus expresiones tímbricas.

Se adentra Franz Liszt en el programa con «El Valle de Obermann», perteneciente a su obra culmen «Años de Peregrinaje». Sexta pieza en el primer volumen: «Suiza», la inspiración para la pieza es la novela de 1804 «Obermann», de «Etiene Jeane Senancour», que habla del desafortunado personaje del título, cuyas desgracias lo llevan a buscar consuelo en una zona rural de Suiza. Es la pieza más profunda y conmovedora del programa. Dombriz nos expone con suma delicadez una música cuyo contorno, en su mayoría descendente y de manera apática, pintan una sombría desolación. Durante sus tres secciones los versos desilusionados de la primera mejoran solo marginalmente en la siguiente, interpretada con pasión y anhelo en su hermoso tema. La sección final, sin embargo, trae un estado de ánimo algo más brillante y una sensación de triunfo. Pero el triunfo se mezcla con el dolor y la lucha, al final, en gran medida, se presenta como de naturaleza filosófica para el personaje de Obermann. Dombriz se apoya en una interpretación sólida e irreprochable con energía y belleza en todas partes.

Como intermedio se nos ofrece una virtuosa pieza de Pedro Mariné, «Algarabías», rompiendo el hielo ante la agitación tumultuosa en caídas de acordes en forma de lluvia incesante de logros tímbricos.

La obra que va título a la grabación es la célebre «Dante Fantasía casi Sonata, después de una lectura de la vida de Dante» de Liszt. Figura, cuya existencia también proporcionó la inspiración para la «Sinfonía Dante» (1855/56) y en parte al poema de Victor Hugo del cual Liszt obtuvo su título. Incluida como la última pieza en el segundo volumen de «Años de Peregrinación» (1837/49), en realidad es más fantasía que sonata. Una parte de la música interpretada por Dombriz se desarrolla en un torbellino de confusión y violencia, pasando a una atmósfera efectivamente expresiva, con momentos de gran belleza trascendental (por ejemplo, «escenas de amor» que retratan el desafortunado romance de Paolo y Francesca) para volver a la situación inicial y derivar en una conclusión grandilocuente. El desafío técnico evidente es solventado de manera eficiente con vastas reservas de destreza de intriga y resistencia muscular en bruto de cualquier pianista que espera emerger, como lo hace un Dante al final de Infierno, ileso. Suena ingeniosamente eficaz en ejecución y abrumadoramente evocadora en los momentos de calma.

Miguel Bustamante nos ofrece un retrato del diablo mediante la eficaz forma del scherzo. Brillante y juguetona pieza mostrando el lado más pícaro y desenfadado de nuestro personaje.

Una técnica especial es utilizada para representar las impresiones sobre la superficie del agua de Debussy. Dombriz abre pieza se sutilmente con los acordes que se elevan en el registro superiores emulando suaves salpicaduras.

El disco conceptual finaliza con «Funerales» de Liszt, la pieza  más famosa del conjunto de catorce números: «Harmonies poétiques et religieuses». Lo escribió como un lamento por los tres patriotas asesinados en la Revolución húngara de 1848/49. Pieza evocadora en increíbles fanfarrias y apoyándose en poderosas armonías en conflicto, en situación dramática, hay dos clímax enormes que también requieren poderosas octavas de la mano izquierda. El sentimentalismo y el espectáculo crónico de Liszt no impiden que alcance las dimensiones espirituales más profundas con las emociones oscuras y la austeridad de su período final. La religiosidad se compensa con tres reflexiones poéticas sobre el dolor y la muerte. Bajo una interpretación moderada, Dombriz minimiza los excesos de Liszt en cierta medida y sus sutilezas se refuerzan sólidamente con resultados al buen gusto y, a menudo, más intrigantes de lo que permitiría una lectura más llamativa.

En definitiva, nos encontramos ante un sobresaliente trabajo de virtuosismo y sutileza mezclados en partes simétricas, apoyándose en una técnica asombrosa y firme y a la vez una sensibilidad especial y transparente en los pianísimos, encauzando una bella narrativa poética como bien requieren los compositores escogidos. Dejen de lado, por un tiempo a Jorge Bolet, Leslie Howard, Pascal Rogé o Jeno Jando, entre otros, y sumérjanse en esta enorme pianista. Se quedarán hipnotizados como por el Diabulus se tratase.

Thabela Dúo – Clarinete y Piano

de Luis Suárez

Sábado, 29 de junio de 2019, Casal de Cultura de Creixell (Tarragona)

Bajo un programa variado de rescate de obras olvidadas, como son las de Miguel Yuste («Ingenuidad») y de Juan Bautista Meseguer («Meditación»), se encuadran otras de autores consagrados, como Francis Poulenc y su bellísima «Sonata», Astor Piazzolla y Pedro Iturralde. Todas ellas son un testimonio de la sabiduría y el refinamiento del arte compositivo de sus autores, además de dar una idea del alto nivel de juego que Montava y Álvarez ofrecieron. Montava interpreta con una gran precisión técnica bajo un tono transparente y se proyecta sin ni siquiera un toque de aireación. Tempos uniformes ofreciendo una lectura amplia y madura. Las texturas son claras (sin caer en la mera exhibición técnicamente desafiante). Las melodías de clarinete son llevadas sobre un acompañamiento de piano medido y exigente, llevando la mayor parte de las complicaciones armónicas y motivacionales. Para separar las muchas tendencias expuestas en el programa se requiere conservar el tono de calma para un desempeño exitoso, y eso es exactamente lo que obtiene.  A pesar del poco tiempo que llevan tocando juntos, desde el pasado enero, su interpretación avanza a un ritmo regular, en un desempeño limpio y sensible como este. Se puede calificar como un trabajo ejemplar de música de cámara en el que la naturaleza de la música es profundamente considerada. Buen futuro les aguarda.

Jennifer Ramírez Díaz, mezzosoprano – Elisabeth Mironova, piano – Luis Niñerola Coronado, arquitecto y poeta

de Luis Suárez

Sábado, 08 de junio de 2019, Casal de Cultura de Creixell, Tarragona

Como se ha afirmado con frecuencia, el lenguaje representa la forma más alta de una facultad inherente de la condición humana, la de simbolizar, es decir, de representar lo real por medio de un signo. Semejante sistema de símbolos como lo es la lengua revela un dato esencial de la condición humana: no hay relaciones de conocimiento inmediatas y directas entre el ser humano y el mundo, y tampoco entre ser humano y ser humano. La música y la poesía siempre han estado íntimamente unidas. La música obra en el sonido y el silencio, la poesía obra en la palabra. Sin embargo, las palabras también conllevan sonido y silencio. La música también conlleva significado por sí misma, igual que las palabras. Esta es la estrecha relación que las enlaza y funde. El vínculo entre la sinestesia y expresiones artísticas como la literatura, la pintura y la música es indudable. Si ya se comentó que algunos pintores eran capaces de plasmar canciones en sus obras, también ciertos escritores acuden a este fenómeno en sus versos. La cualidad que poseen algunas personas de percibir asociadamente colores y sonidos, texturas y sabores, números y colores y/o cualquier otra relación inter-sensorial, es denominada generalmente como sinestesia. Múltiples estudios han relacionado patrones sonoros y visuales a lo largo de la historia, tanto a nivel físico como a nivel de percepción. Primeramente, Newton apuntó una posible relación entre las frecuencias vibratorias de la luz y el sonido, llegando incluso a afirmar que la armonía dependía de las proporciones de tales frecuencias. Además, descubrió una proporción similar dada entre las notas de la escala diatónica occidental (mayor – menor) y la paleta de colores comúnmente descrita en el espectro lumínico. Afirmación similar a la que haría en el siglo XX el físico inglés James Jeans al descubrir que la gama de colores visible coincide con el rango sonoro de una octava. Estas teorías físicas en cualquier caso no explican el fenómeno cinestésico, y aunque nos dan una aproximación a menudo certera, al final del día sólo el individuo cinesteta tiene una comprensión certera de sus procesos asociativos. Excepcionalmente el lenguaje artístico permite visibilizar estos mecanismos y hacerlos comprensibles al espectador, hayan o no experimentado este tipo de sensaciones. Usando un lenguaje mucho más abstracto que la ciencia, pero también mucho más certero, la música, la pintura, el cine, la escultura o los videojuegos permiten proyectar de forma directa esta clase de procesos que de otra forma difícilmente pueden ser verbalizados.
Para muchos oyentes, las obras vocales de Gabriel Fauré, Bizet, Debussy, Ravel, etc, personifican la música francesa del enlace entre los siglos XIX y XX, generalmente porque sus melodías lánguidas y sutiles armonías son a veces evocadoras de la música tardía de la sala romántica. Sin embargo, del tardo-romanticismo al impresionismo es mucho más que un juicio tan superficial, demostrando que es mucho más sustancial en contenido que las piezas de piano y canto convencionales de la época, y que las dificultades que uno encuentra en su música son similares a las complejidades de Bach. Las actuaciones pulidas de Ramírez son una prueba de su compromiso de larga data con esta música, y su penetrante comprensión de las expresiones y el arte técnico de revelan niveles de inventiva que a menudo se pierden en actuaciones menos competentes. Por supuesto, Ramírez y Mironova tienen un conocimiento íntimo de la música, y su sensibilidad y control comunican con precisión los efectos que desea, por lo que la música nunca parece descuidadamente sentimental o vagamente esbozada. Hasta en sus interpretaciones nítidas de Händel o Vivaldi, especialmente en puntos donde el contrapunto cromático y las cadencias casi se adentran plenamente al estilo barroco. Junto con los emotivos recitativos de Niñerola, a partir de sus propios poemas (entre las arias y canciones) permitía que la música tuviera una expresión plena, mostrando sobradamente las emociones y los colores que pretendían encontrar con una elegancia poética cinestésica entre arquitectura, literatura y música.

El Alma crítica.

Luis Suárez 
Humanista, crítico y divulgador musical – cultural

Diplomado y Licenciado, con dos Máster por las Universidades de Oviedo y la Complutense de Madrid. Máster en Dirección de Recursos Humanos en la Escuela de Negocios CEREM (Madrid). Cursó solfeo, piano y composición en conservatorio. Trabaja en Constantí Radio, Tarragona, con dos programas musicales: Rock on the Road y Esencias Musicales. Colabora en las revistas de música Ritmo y Tecla 88 como crítico y articulista. Colaboración en programas culturales con la COPC (Colegio de Psicólogos de Cataluña) y laAsociación Cultural VITA.

http://www.constantiradio.cat
www.lateclapianos.com/noticias/category/revista-la-tecla-88/

https://www.ritmo.es

Daria Piltyay y Elisabeth Mironova – Concierto para Piano a 4 Manos

VÍDEO: Concierto a 4 manos

de Luis Suárez

2019-02-16-creixell

Recital emotivo entre dos talentosas pianistas rusas con clásicos populares encauzados a agradar a un público global, de todas las edades y más o menos entendidos en el conocimiento musical. Una buena apreciación para comprender las transcripciones de obras consagradas a metas mayores como la escena o sinfónica, es acercar sus obras a todos los públicos, desde el ámbito estrictamente doméstico hasta la ejecución en cualquier tipo de salas y variedad de ejecutantes. Algunas son de los propios compositores originales, como aquí es el caso de Mozart, Falla o Grieg. Otras son de intérpretes quienes hablan de los «grandes artistas cuyos legados no deben dejar que se desvanezcan». Aquí se ha contado con el reconocimiento del público por el excelente trabajo de las solistas acercando ejemplos de obras mayores limitados a unos pocos que «estaban allí», con actuaciones brillantes, ingeniosas, representaciones casi perfectas de la literatura de cuatro manos de los diferentes salones de la época en la que fueron expuestas en su día.

Los trabajos para piano a cuatro manos o dos pianos representan una porción extremadamente pequeña de la salida de Edvard Grieg. El ejemplo que aquí escuchamos son transcripciones. Piltyay y Mironova ofrecen una interpretación bastante agradable, cautivando a los oyentes con un estilo sincronizado. Estas son obras familiares y de fácil comparación con los timbres orquestales originales, más ambas ofrecen una certera ejecución al teclado para dar su propia interpretación reflexiva.

La característica notable de esta presentación de cinco de las veinticuatro «Danzas Húngaras» de Brahms es la forma en que se mezclan las dos pianistas. En las Danzas, enfatizan los frecuentes cambios en el tempo y el volumen, y en todo momento hacen que parezca que solo había un intérprete. Las transiciones tienen un montón de fuego zíngaro, y el difícil trabajo del piano se maneja sin problemas. En este caso la versión original es la ofrecida; las otras versiones de las Danzas son las orquestadas, tanto por el propio Brahms como completadas por varios de sus amigos y contemporáneos como Antonín Dvořák.

La música de Don Manuel de Falla, aunque rara vez involucró una guitarra, a menudo se inspiró en el flamenco y la música antigua de guitarra española y nuestras solistas traducen esta pieza a su fuente original de inspiración andaluza, reduciéndolas a sus esencias y las ejecutan con percusión con equilibrio y un sonido de primer plano que se suma al intenso efecto.

La mayor sorpresa en el programa fue la introducción en el mismo de cinco miniaturas de un ballet infantil, «Chipollino». Obra compuesta en los años 70’s del pasado siglo por la sobrino del archiconocido compositor soviético – armenio, Aram Kachaturian, Karen (1920/2011). Selección de piezas, acompañadas por dibujos animados históricos de producción soviética (1961), basadas en un delicioso impulso rítmico y uso cuidado de tonalidad legible a a receptores infantiles. Todo un atrevimiento argumental en un cuento infantil referido, argumentalmente, a la represión política con metáforas dentro de la «ciudadanía vegetal». Obra del italiano Gianni Rodari (1957) que pasó sorprendentemente la censura de la época hasta convertirse en un texto muy popular. Desconocido por estos lares, resultó muy agradable su descubrimiento.

Terminando el recital con un encuentro galáctico de la mano del celebérrimo John Williams, en un ambiente de cantina acompañando las negociaciones de Han Solo con las fuerzas de resistencia al Imperio del «lado oscuro» del poder.